TRABAJO POPULAR
LA JUVENTUD MARGINAL

INTRODUCCION
La mayoría de los países de latinoamerica confrontan el problema de reducir la distancia interna que hay entre sus diferentes sectores sociales, y la existente entre ellos mismos y los países desarrollados. Aunque se han hecho intentos para encontrar formas de reducir estas diferencias por medio de proyectos de desarrollo social, especialmente diseñados, los resultados no han sido muy positivos y la tarea de identificar las causas del poco progreso logrado en esta área es difícil.
La organización cultural OCAP, que significa organiza, Crear, Arte Popular. Surge como una idea comunitaria de un grupo de jóvenes pobladores, que reconocen su realidad social y se consideran al margen de la de los sectores acomodados social y económicamente y por lo tanto se alejan y rechazan todo lo que venga de lo institucional, de lo establecido, es decir desde la oficialidad. Tienen claro que por sus condiciones de clase han sido marcados y ven en ello el fundamento del no haber tenido oportunidades para poder desarrollarse. Las puertas se han cerrado y el futuro viene negro. Por lo cual solo queda actuar, reaccionar frente a las dificultades y deciden generar organización y articulación social, desde la perspectiva de crear espacios que logren expresar sus energías creadoras en ámbitos tales como la cultura, música, trabajos voluntarios, danza, muralismo, etc.
Es así como el territorio en que se instala es en el descontento, la falta de acceso real a las oportunidades y la frustración sentida por aquellos jóvenes que se enfrentan en su diario vivir a experiencias y procesos que se alejan de una visión idealizada de la juventud.
Uno de los elementos principales de la propuesta, es que se plantea desde la condición de marginalidad, sin intentar superarla como si fuera un mal, sino que otorgándole contenido y canalizándola a través de la generación de aportes juveniles en sus comunidades locales.
Surge el año 1990 como una forma de generar un espacio de encuentro y sensibilización frente al tema del consumo de drogas. En sus inicios trabajó principalmente en la población Lo Hermida de Peñalolen, instalándose en aquellos espacios de reunión de los jóvenes como: las esquinas, las plazas, la cancha deportiva, etc.
Con el tiempo el OCAP va definiendo su personalidad como organización, canalizándose como una instancia donde los jóvenes tuvieran la posibilidad y el derecho de expresar sus sentimientos y sus energías creadoras, dando a conocer de esta forma “el arte y la acción popular” como una forma de expresión vital.
Tuvieron que pasar 10 años de trabajo cultural y social para comenzar un nuevo paso de la agrupación que fue la obtención de personalidad juridica, sin embargo este paso no fue concretado completamente y aun que ya contando con este elemento nunca participamos en proyectos socio-culturales o de prevención. La razón se basaba simplemente en que nuestro trabajo lo realizábamos en las calles y plazas y la autogestión era el elemento resolutivo para la realización de los talleres, los eventos y los trabajos voluntarios. Y también por un alto nivel de desconfianza y recelo a los organismos institucionales.
Para contextualizar de mejor manera la agrupación OCAP y poder entender su lógica de construcción de trabajo con jóvenes es preciso establecer los fundamentos de su que hacer cultura y social.
La importancia de lo anterior denota que actualmente uno de los conceptos mas controversiales y debatidos, es el concepto de juventud. Concepto que a pesar de resultar relativo y difuso, comprende actualmente a casi el 70% de la población de América Latina, sin embargo la emergencia del tema juventud en la región, claramente no es solo una cuestión demográfica.
Los mas de cien millones de jóvenes que hoy viven en América Latina, son el eje central de los principales problemas de la región: desempleo e inseguridad ciudadana, y constituyen además un factor de gran relevancia en un tercer gran problema: el de la fragilidad democrática. Sin embargo, los jóvenes son a la vez el eje central de las nuevas estrategias de desarrollo, basadas en la clara apuesta a la inversión en capital humano, como clave para ganar competitividad y recuperar el crecimiento económico estable que se requiere para poder contar con sociedades mas prosperas, en un mundo globalizado y transformado radicalmente.
Esta ambivalencia en la conceptualización del sujeto joven, da cuenta de cómo las sociedades latinoamericanas miran a sus jóvenes, esto es como una esperanza bajo sospecha. Esperanza, en la medida de que el paso por el sistema educativo primero y la inserción laboral en un trabajo calificado, luego, constituían los caminos lógicos de inserción “plena” en la sociedad. Sin embargo esta recorrido se ha puesto en sospecha, ya que actualmente muchos jóvenes dejan de asistir a establecimientos educativos, buscan trabajo y no lo consiguen, o, incluso, abandonan la búsqueda de un empleo. Sin trabajo, ni estudio, se constituyen en los principales excluidos de principios de siglo. En efecto, toda una generación de jóvenes ha pasado a enfrentar un proceso de cancelación de expectativas de ascenso social frente al brusco bloqueo que experimentan los canales de integración tradicionales, y el particular protagonismo que asumen las fuerzas naturales del mercado. De esta forma, la idea de que en la juventud se adquieren las herramientas necesarias para la integración social “plena”, se desmantela el ser joven hoy ya no forma parte de un imaginario de prosperidad social o progreso personal, sino que constituye una condición que muy probablemente derive en una nueva forma de marginalidad.
La idea anterior apunta a un elemento clave de reflexión y que dice relación con la forma en que miramos y entendemos la juventud, si buscamos la integración de este segmento de la población, es importante detenerse en la forma en que emerge el concepto de juventud y la relación que se establece entre ese concepto y el sistema capitalista actual.
Por lo tanto la reflexión necesariamente debe partir claramente en relación con lo que entendemos por juventud. Si buscamos la integración de este sector etareo a la sociedad, es importante detenerse en la forma en que emerge el concepto de juventud y la relación que se establece entre este concepto y el sistema capitalista actual.
De esta manera debemos partir diciendo que la conceptualización de lo “juvenil” no es producto de la casualidad ni por algún hecho fortuito, ya que cada época marca donde se inicia y donde concluye esta categoría, puesto que en la división lógica entre jóvenes y viejos esta la cuestión del poder, del orden donde cada cual debe ocupar su lugar por un tiempo, esperando su turno para decidir las cosas, sobre todo las mas relevantes en la vida de la colectividad.
Por lo tanto siguiendo lo anterior, se establece que el concepto de juventud se ha desarrollado en base a una estructura de poder dominante, a través de la cual, el joven queda recluido a amoldarse a dicha categoría y su opinión relegada a la estructura de poder.
El concepto de juventud aparece en la historia universal a partir del SXVIII, y se explica a partir de la variación que se produce en la división social del trabajo. De esta manera, y producto del surgimiento del modelo capitalista, la juventud, como categoría social, es considerada y necesitada. Es considerada, en cuanto es el sector que potencialmente consumirá los bienes y servicios del mercado en el presente y el futuro de su vida y permitirá con su fuerza laboral la producción y reproducción del sistema. Es necesitada, en tanto el progreso económico, científico y tecnológico al que aspira el sistema requiere mano de obra calificada en grados manuales, técnicos y profesionales para promoverlos.
Ahora bien, si entendemos lo juvenil como una construcción social e histórica, es importante señalare las características que actualmente se asocian a dicho concepto. Primero que nada existe una versión que ha tenido gran peso en nuestras hablas sociales, y es la que define a la juventud como un etapa distinguible de otras que se viven en el ciclo de vida humana, como la infancia, la adultez y la vejez, y por lo tanto, se plantea como una etapa para ingresar a un mundo adulto..
Do lo anterior se desprende que la condición de joven esta situada en una etapa de transición entre la infancia y la adultez, es decir es el momento de la adquisición plena de los deberes y derechos de los adultos. Esto viene a ser el ejercicio idóneo de los roles de trabajador, ciudadano, cónyuge, etc.
Desde esta perspectiva se ha instalado en nuestro imaginario la versión de que el mundo juvenil esta en transito, preparándose para ser adulto. Es así como este segmento social ( en preparación a…) aparece signado por el concepto de moratoria, lo que significa un retraso socialmente aceptado y planificado, mora en cuanto a poder asumir los roles socialmente aceptados.
De hecho, la data de entrada al mundo laboral es una de las condiciones fundamentales para determinar la entrada al mundo serio del adulto. Lo anterior se puede entender a la luz de las concepciones tradicionales de los poderes públicos que han concebido el dispositivo de inserción como un camino largo que termina en el empleo o inserción plena. Esta idea además de plantear el fantasma de un posible acceso al empleo para todos, introduce la idea de que la inserción es el contrario de la exclusión, y por ende que constituye un medio para luchar en contra de ella.
De esta manera, si existe un cierto consenso de que el principal problema que afecta a la juventud es la exclusión social, lo primero que tendríamos que aclarar es que la idea de transitoriedad de lo juvenil, propia de la sociedad capitalista actual, esconde una idea de exclusión social, limitada y absolutizada a la idea de la inserción laboral plena. Es así como el discurso que denuncia la exclusión no dice nunca quien excluye a quien y de que. Todo pasa como si en la exclusión no existiera voluntad humana: La exclusión toma entonces un estatus de catástrofe natural..
Del análisis anterior, es que planteamos como la idea de juventud, propia del sistema capitalista actual, nos lleva a distintas formas de exclusión social, entendida como la otra cara de la modernización, como un proceso, una fabricación sobre los cuales se puede hablar, pero que no se manifiesta de una forma en particular. De esta forma, los espacios que le otorga y fundamenta el sistema, muchas veces generan restricciones o un deber ser, que excluye a los jóvenes de la posibilidad de la pluralidad; de movimiento; de hacer valer sus discursos; de ser propositivos y actores de su propio desarrollo. Es así como se acentúa lo que el joven no es: no esta integrado, no participa del proceso productivo, y por lo tanto, no tiene la capacidad de decidir, menos de proponer..
Esto se debe a que el capitalismo tiene una forma de reproducir estilos y pautas de conducta social, individuales y grupales que se caracteriza por evitar el análisis de las realidades dinámicas y complejas, intentando encasillarlas en términos o conceptos estáticos y simples. Es así como el concepto de juventud, tiende a hegemonizarse y universalizarse como un todo, sin realizar distinciones entre los tipos de jóvenes, ni entre géneros, razas, estilos. De esta forma, solo existe una juventud, singular y total al mismo tiempo. Esta objetivación, se niega a la existencia de las otras versiones que abren un abanico amplio de significaciones.
Esta lógica que presenta la diferencia como una amenaza, que sigue una lógica esencialista, el la que prima un interés por lo unívoco y en la que no hay cabida para la pluralidad. Puede ser entendida a su vez, producto a la permanente estigmatización que se hace del grupo social juventud, de sus practicas y discursos. Estigma que promueve una expectativa difundida de que quienes pertenecen a una categoría dada (en este caso juventud) deben no solo apoyar una norma particular, sino también llevarla a cabo. Lo anterior se debela en los comentarios generales acerca de la juventud, los que se mueven en dos ejes interpretativos, entre los cuales sin duda existen múltiples variaciones. Pero si enfocamos nuestra atención en los polos, se ve a la juventud o como amenaza para la convivencia social, aplicándose entonces medidas restrictivas y de prevención, entiéndase a modo de ejemplo las leyes coercitivas como la de discernimiento a los 14 años. O se ve a la juventud como recurso estratégico del futuro de la sociedad, aplicando ahí medidas de promoción y participación, como el tema de incentivarlos a cumplir con el servicio militar y la inscripción en los registros electorales, entre otros temas.
En esas imágenes mediatizadas de lo juvenil, donde se instalan jóvenes buenos y jóvenes malos, las que permiten al imaginario dominante argumentar con fuerza todas sus desconfianzas, temores y represiones contra la juventud, sus expresiones discursivas o acciónales. De forma que el mundo adulto tiende a interactuar mas con la representación o estereotipo del joven, que con su persona. Por ende, los vínculos que se logran son desde pre imágenes, las apariencias y desde las miradas preconcebidas por otros, las que muchas veces invisibilidad las practicas y discursos de los propios jóvenes.
Frente a esta visiones que intentan encasillar lo juvenil, a una etapa de transición de niño a adulto, se presenta nuestra agrupación OCAP, como una alternativa diferente, que busca a través de sus intervenciones abrir espacios a las juventudes y sus manifestaciones, reconociendo la pluralidad y la diferencia de olores, sabores, sueños y esperanzas que surgen desde los distintos jóvenes que deambulan por nuestra sociedad. El OCAP, asume una política integradora, socializadora, amplia y comprensiva de lo juvenil.
Dentro de las distintas juventudes en el entramado de lo social, la intervención del OCAP, se focaliza principalmente en aquellos que por su condición socioeconómica se encuentran entre los jóvenes marginales. Por tanto desde este prisma integrador con que asumimos el que hacer social juvenil el OCAP, no habla de jóvenes desviados o problemáticos, a los cuales es necesario encauzar socialmente, sino mas bien, de los jóvenes marginales. Entendiendo la marginalidad como alternativa y no como un impedimento. En este sentido, el margen es considerado como un espacio en el cual es posible crear y desplegar los talentos, es decir que frente a la realidad económica y social en que se encuentran los jóvenes en esta condición pensamos que la idea no es tratar de integrarlos a un mundo imposible de alcanzar por la realidad cruda en que se vive, por lo cual la idea es tomar la realidad y generar un desarrollo de los jóvenes a partir de su propia realidad , ocupando para ello las herramientas de la cultura y el arte popular como mecanismos de autodesarrollo e identitarios.
Pues entendemos que la lacra de las diferencias sociales producto de la injusta repartición de la riqueza que entrega al 20% mas rico de Chile el 80% de las ganancias y dejando solo un 20% de la riqueza para el 20 % de la sociedad es un fenómeno que probablemente permanezca por muchas décadas mas en nuestro país, cuestión que tendrá como participantes a muchas generaciones de jóvenes marginados que no podrán salir de esta situación. Por lo que la OCAP ha realizado una re significación del termino marginalidad, desprendiéndolo de su connotación negativa para transformarlo en posibilidad, introduciendo, de este modo, un nuevo relato, una nueva concepción que se diferencia del dominante.
En función de lo anterior la agrupación ha introducido una nueva categoría es el “PODER MARGUINAL” que identifica a todas aquellas personas, grupos y organizaciones, que por circunstancias socioeconómicas buscan organizarse para enfrentar con perspectivas sus realidades y que se apartan del discurso oficial, de la institucionalidad, buscando identidad y dignidad. En la medida que se encuentran al margen de la norma, de la oficialidad, situándose en la periferia o en el limite.